miércoles, 2 de febrero de 2011

Capítulo 14

Pasos cansados y manchados de barro. Gira a la izquierda y otro pasillo igual, mismas características, mismo olor nauseabundo...Pasos que tropiezan. Pasos que cruzan pasillos rodeados de armonía, de paredes blancas. Caras tristes esperanzadas. Pasos tras pasos, que van pesando cada vez más y más y más... Pasos que llevan en su interior dolor, tristeza y sobre todo culpa. Culpa que no le deja dormir, que le hace sentirse como si llevara cinco minutos debajo del agua a punto de perder el conocimiento, sintiendo ya el agua por los pulmones, al borde de la muerte, el abismo. Lleva cinco días vomitando, sin atreverse; pero se ha armado de valor... ¿y que dirá?, ¿le dejarán entrar?, ¿cómo se disculpará? Y de pronto se detiene, se asusta, se mira las puntas de los zapatos y ese cordón ligeramente desatado le explica que nada es perfecto, que cometemos errores, que incluso quizás él ni siquiera tuvo la culpa de que su matricula se estampara de lleno contra una mata de pelo morena. En el mismo momento del trágico accidente pensó que él sería el que perdería el control pues tenía los nervios a flor de piel, el no era así y no sabía como podía haber ocurrido; pensaba que se iría en ese mismo momento pues su corazón latía apresurádamente dirigiéndose directamente al corredor de la muerte y haciendo que dejara de vivir en este loco mundo que lo único que busca es enredar todo; como esos cordones negros... Le tiemblan mucho las manos, se le forma un nudo en el estómago y ahí están otra vez esas ganas de vomitar, vomitar culpabilidad y miedo, un miedo inmenso. Ahí está la puerta, la habitación 216. No puede, da media vuelta, corre incluso y entra en el baño de los chicos como si se escondiera de alguien o de algo. Se moja la cara, vomita, vuelve a mojarse la cara, respira unas quinientas veces lentamente hasta que su respiración deja de ser agitada. Se tranquiliza y llora, cuatro paredes testigos de un llanto, un llanto contenido durante tres días, no se lo ha contado a nadie, no puede; incluso su chica le ha dejado pues no aguantaba más sus silencios incomprensibles, el hecho de que no contara con ella para nada y además no soportaba más que tomara decisiones que no le correspondía pues a veces hay cosas que se nos escapaban, hay sentimientos y acciones que sólo puede afrontarlas el corazón, nadie puede decidir. Y una voz le habla desde lo más dentro de su ser "se fuerte, enfréntate a la vida...", "Haz lo que de verdad sientes, libérate". Y esa voz permanecería ahí durante el resto de su vida como la voz que le salvó de caer en un vacío sin salida ni salvaciones, ayudándolo a salir a la superficie siempre que las piernas y su subconsciente le fallaban.

Entonces se miró al espejo y pensó en tropecientas cosas sin sentido, frases sueltas, sentimientos, y decidió que sería él mismo, que haría lo que de verdad estaba sintiendo y que necesitaba escupir, soltar, desprender, necesitaba deshacerse de ello. No sabía hasta que punto podría cambiar su vida...

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