viernes, 10 de diciembre de 2010

Capítulo 12


Las primeras líneas de luz entran por la ventana de Ali, mira el reloj deseando poder volverse a dormir antes de que el despertador decida sonar… Las 9:00. Aún puede dormir una hora más, ha quedado a las 10:3o con las chicas para ir de compras.

Da una vuelta y se tapa hasta las orejas con su suave edredón evitando salir a la realidad. Un segundo después cambia de opinión. Decide que hoy va a ser un día dedicado a ella, así pues, se levanta con el pelo hecho un lío pero con una sonrisa que lo arregla todo.
Elige su ropa sin ninguna prisa, quiere recrearse, ponerse guapa y desayunar bien. 
Mientras se asea pone la radio, le encanta renunciar a sus discos favoritos para escuchar cualquier canción al azar… Le gusta pensar que si oyes una melodía por pura casualidad quiere decir que tiene un mensaje para ti; se ríe al atender a la primera canción: one love, de Bob Marley… Quizás sea mejor dejar los mensajes ocultos para otro momento…

10:30 de la mañana. Plaza del ayuntamiento. Comienzan a asomarse las primeras bufandas de la temporada y las gruesas botas para combatir el frío.

Blanca escribe a toda prisa en su móvil un mensaje corto pero sentenciador: VEN YA. Sara, Paula y Maria miran una revista de publicidad del Corte Inglés, admiran los zapatos con tacones de vértigo y consideran la posibilidad de ponerse a esa altura algún día sin parecer torres tambaleándose por no saber andar desde esa perspectiva… De momento, se conformar con una mirada un cuanto más por encima de lo habitual, y aún así lucirán con orgullo sus preciosos zapatos nuevos.
- Ya estoy aquí… ¿lleváis mucho esperando?- pregunta Ali, casi sin aliento por la último esfuerzo que ha hecho para no llegar demasiado tarde.
- No te preocupes, todavía entras en el tiempo de margen- le sonríe Sara- la que me temo que seguirá fiel a su impuntualidad será Patri.
- Ya le he mandado un mensaje, a ver si consigo meterle un poco de prisa…
Alicia se ríe. Las viejas costumbres nunca mueren: la que aunque lo intente siempre llegará tarde, la amiga que muy a su pesar siempre la esperará hasta el final, la impaciente que se muerde las uñas por no morder a la tardona, las que contemplan la situación desde fuera y aprecian cada instante juntas y rezan porque las tradiciones de siempre nunca cambien ya que es lo que las hace conocerse entre ellas mejor que cualquier persona.
Un vestido equivocado, una camiseta que no necesita pero que aún así la compra, un capricho para comer a media mañana, un montón de colorido a cada brazo. No las dejan probarse tantas cosas a la vez, así que les toca hacer cola, pero no les importa, el objetivo del día: encontrar algo con lo que deslumbrar, un conjunto que las haga sentirse bonitas y atrevidas pero siempre dentro de los márgenes de la discreción, no se trata de ser chicas fáciles… Lástima, no saben lo guapas que son en realidad sin necesidad de todas esas prendas, que no son más que eso… pantalones, faldas y camisetas. No se imaginan que la verdadera belleza está dentro de ellas, en el corazón de cada una, pero claro, para ello primero tienen que saber de su existencia, creer en sí mismas, y luego, aprender a utilizar esa belleza… Pero todavía es pronto para eso, no podemos pedir mujeres maduras, sin haber pasado por una adolescencia

sábado, 20 de noviembre de 2010

Capítulo 11

Vistos saliendo de un viejo portal, una espía enamorada de la persona equivocada. Ha llegado apresurada, agitada; y se detiene tras un árbol observando la situación. Que miserables nos sentimos, llegamos a hacer las mayores locuras por un amor perdido, escondido entre viejos libros en un viejo baúl guardado en el piso más alto del rascacielos de los recuerdos. Y sufres, y lloras y gritas al cielo que te envíe una señal, pues ya estás cansada de vagar por esta ciudad llena de mentiras, odio y repulsión. La gente se odia, o eso dicen por ahí. Click y una foto robada. Besa el móvil y se siente como una niña pequeña que ha conseguido una piruleta pero todavía no puede desenvolver el papel pues tiene que alcanzar la cima, tiene que llegar a probar el dulce paraíso de sus besos; vuelven las pesadillas a su cabeza. Lleva un lazo rosa que hace juego con sus zapatillas converse desgastadas; se lo quita y lo lanza al suelo mojado de lágrimas pesadas, lágrimas de cristal. Guarda el teléfono en el bolsillo de su chaqueta y suspira mientras golpea ligeramente su cabeza contra el árbol, contándo los días que quedan para que ocurra algo, dando cabezazos contra el calendario...

Y escapa corriendo, ligera, triste, esperanzada. Antes de subir a su moto conecta los cascos a su móvil y pone esa triste canción que escucha cuando necesita desahogarse.Y sigue llorando, cada vez con más intensidad, con una terrible pena. Arranca, corre a toda velocidad ignorando las señales de velocidad, ignorando un paso de cebra, ignorando que en la vida debes pararte a pensar para no caerse a un vacío sin salida. Y entonces ocurrió, la triste chica de la vespa chocó contra la sucia matricula de un coche desconocido. No se imagina, no sabe, pierde el conocimiento...

jueves, 18 de noviembre de 2010

Capítulo 10

Y recorre dedo a dedo su espalda fría. A ella se le erizan los pelos y se le ruborizan las mejillas. Termina con un beso dulce en la nuca; y se aleja acariciando su suave pelo negro.. Un escalofrío encerrado en cuatro paredes de una habitación llena de pasión, recortes de amor por las paredes, un televisor roto y cuarenta y siete botellas de cerveza desperdigadas por una habitación que desprende un olor a revolcones, sexo envuelto en sábanas color celeste y olor a marihuana. Toca la ventana con sus delicados dedos amarillos, debido a la nicotina; observa a los pájaros, y derrepente ve un avión. Si, ya sabe lo que tiene que hacer, un millón de ilusiones perdidas que vuelven. Un radio cassete hace que suene por toda la casa una preciosa canción que habla de como un chico le dice a su chica todas aquellas cosas que solían hacer en tiempos pasados y como todas esas cosas se han borrado, eliminado, esfumado...


Un brazo agarra su pequeña cintura y la hace girar por la habitación. Él ya se ha vestido, pantalones ajustados y una bonita camiseta negra, converse negros y un gorro de invierno que hace juego con sus deportivas que ella misma le regaló por su cumpleaños. Un beso robado, suave, lento, con sabor a café...y ella se acuerda, cosas que solíamos hacer juntos...

domingo, 7 de noviembre de 2010

Capítulo 9

El curso va avanzando, poco a poco, cayendo al suelo hojas de días pasados, apuntes de citas, días de exámenes;  y con él llegan los colores amarillos, anaranjados y marrones del otoño, hojas secas repartidas por todo el suelo de la ciudad y un frío que congela hasta tus sentimientos. Ya es común ver a las chicas del instituto con abrigos largos. Las bufandas han dejado de estar en el fondo del armario, para ocupar un sitio más accesible.


Ali y Blanca están en el recreo, han quedado con las demás, tienen algo que contarse.
- ¿Qué crees que tienen que decirnos? – pregunta Ali curiosa.
- Pues algún cotilleo que todo el mundo ya sabe y nosotras, como siempre, somos las últimas en enterarnos- Blanca se sonríe, le hace gracia esta situación. Sus amigas, exceptuando Ali, piensan que para sobrevivir en el instituto hay que estar al tanto de la vida personal de cada uno, hay que conseguir ser el más popular, el más malo, el más cabrón, ¿es lo que está de moda no?. Pero están tan equivocadas con ella...pues la verdad, es que no le interesa ni lo más mínimo todos esos cotilleos ni kits de supervivencia en el instituto.
- (Ali suelta una gran carcajada), ¿sobre quién crees que será esta vez?
- Pero ¿cómo puedes dudarlo? Seguramente que nuestra queridísima Carolina se ha ligado a otro de segundo.
- Si, sobre todo queridísima… Tienes razón, ¿con quién crees que se habrá liado?
- Bah, yo creo que está organizando una fiesta, ¿si no porqué la gente está tan revolucionada? ¿Apostamos?
- Apostamos.
Se estrechan la mano; no hace falta negociar el premio, ya saben que la que pierda de las dos tendrá que invitar a la otra, al menos a una hamburguesa del Mc Donalds.
Instantes después se acercan el resto de sus amigas: Paula, María y Sara. Falta Patricia, ¿dónde se habrá metido?- Se pregunta Blanca. Todas con la misma noticia en mente, probablemente acerca de Carolina, la chica más popular del instituto.
- Venga soltarlo ya que tengo hambre…
- Qué impaciente eres Blanca, ahora te acompaño si quieres- se ofrece María. Mira a su alrededor- ¿Y Patri?-preguntó.
- Al acabar el examen marchó apresuradamente sin decir nada- dijo Sara, preocupada.
- Bueno, ella sabrá lo que hace, luego se lo contaremos. Ahí va, no os lo vais a creer, pero nos ha llegado una invitación para el cumpleaños…
- Espera que lo adivino… - Blanca interrumpe a Sara, y cierra los ojos cómo si se estuviese concentrando, se pone los dedos sobre la sien y de repente exclama- ¡es el cumpleaños de Carolina!
- ¿Cómo lo has sabido?- pregunta Paula incrédula.
- El poder de la mente querida Paula… - se ríe y a continuación le guiña un ojo a Ali, ha ganado la apuesta. Ali frunce el ceño y al final se ríe, últimamente no hay forma de ganarle una apuesta a Blanca…
- Bueno, ¿vais a ir?
- Pero si no nos han invitado – replica Ali.
- Claro que si, nos ha mandado una invitación para todas, para las seis… - Patricia parece emocionada, hace tiempo que quería ir a una fiesta de este tipo, y parece que esta semana va a tener suerte.
- Lo decidiremos, cuando tenga el estómago lleno…
María capta la indirecta de Blanca y la coge del brazo para acompañarla a la cafetería.

Ahora todas tienen en mente lo que les depara el fin de semana. Vestido nuevo, camisetas provocativas, zapatos, chicos que irán, chicos que les interesan, alcohol, algún que otro cigarrillo de la felicidad, un inquietante sueño por conocer a alguien interesante, una oportunidad de darse a conocer, una ocasión para...una dulce y provocadora ocasión. Adolescentes, se ríen, charlan y se cogen de la mano para cruzar la calle. Son chicas llenas de vida, llenas de sueños, de alegrías y de penas. Quieren comerse el mundo, pero no saben que el mundo puede comérselas a ellas...

lunes, 1 de noviembre de 2010

Capítulo 8



Al igual que Ali, sus amigas tienen también un diario; ahora palpita agitádamente el de Paula. Entre las cuatro paredes de un baño pintado mil ilusiones escritas con bolígrafos de todos los colores. 8:22 y una chica pequeña escribe palabras lluviosas que se le escurrieron de camino al instituto, mientras agarraba el paraguas nuevo que su madre le ha regalado por su cumpleaños. 18 años y tantos sueños en su cabeza... Escribe apresurádamente pues no quiere llegar tarde, odia llegar tarde y que todos la miren, como si fuera un extraterrestre. Quiere ser pintora, le encanta dibujar. Estudiará Bellas Artes, ya lo ha decidido. Sabe que sus padres no lo aceptarán y que la criticarán por ello. Tiene ganas de huir, no es feliz.

Querido diario:
"Es como si tuviera cien hormigas correteando por dentro de mi barriga, es una sensación que no soy capaz de explicar. Abrumada, sola. Es como un pellizco en el pie, como si te clavaran mil cuchillos por la espalda. ¿Por qué este extraño sentimiento? Quiero sacarlo de mi, destriparlo y que no vuelva...




viernes, 22 de octubre de 2010

Capítulo 7

Fátima le hizo sufrir. Le robaba besos bañados en noches estrelladas pero luego le daba calabazas, una tras otra. Se encerró en su habitación contando los pocos días que ella le demostró amor. Ella no entendía esa palabra. Dulce de día y alocada de noche. Pero sobrepasó la mala racha, fueron grandes amigos y él conoció a otras chicas. Pero Fátima siempre le reclamaba, ¿y por qué ahora? Y se repetía una y otra vez que no, que ella no le importaba ya, que la guardó en su baul de recuerdos y tiró la llave a un mar lejano.

Pero ahora no hay tiempo de pensar en eso, integrales, derivadas y cien chorradas más sobre matemáticas. No las entendía, no le gustaban y no encontraba un sentido a toda esa película de instituto. El quería montar en monopatín y en bici pues le encantaba hacer rutas por senderos montañosos y fotografiar paisajes; por eso siempre llevaba su cámara pues se dio cuenta que cuando no lo hacía la originalidad brotaba por todos los poros de la ciudad.

"Amar es encontrar en la felicidad de otro tu propia felicidad"  Gottfried Leibniz


martes, 19 de octubre de 2010

Capítulo 6

Lo último que Álvaro vió al cerrar sus ojos esa noche fue un avión cargado de ilusiones y fantasías, de viajes de amor o reconciliación, de viajes que tratan con el perdón o que envuelven mil y una aventuras. Le encantaba mirar el cielo e imaginarse que algún día los humanos volaríamos e iríamos de planeta en planeta como de bar en bar. Simples ilusiones de un chico inocente.

Se despierta antes de que el despertador suene y haga que por toda la casa suene el último single de su maqueta, ese pequeño sueño que quiere conseguir junto a sus amigos. Pero aún queda tanto... Coge sus vaqueros, los de siempre, esos que sabe que no le gustan nada a su madre, una camiseta azul celeste y una chaqueta negra. En la mochila guarda el paquete de tabaco que ha escondido en uno de los cajones de su habitación y los libros de clase, arrugados. Por último, coge el ipod, los cascos y los esconde tras un gorro que le da un aspecto más urbano.

Mientras golpeaba distraído una botella de coca-cola, una y otra vez, se dio cuenta de que uno de los cordones de sus playeros estaba desatado. Se agachó y lo ató observando detenidamente a esa chica que  está frente al kiosko. Le pareció graciosa, embobada mirando revistas para turistas en mitad de un kiosko. Simpática pero a la vez triste, sus ojos están tristes. Y de repente, la ve avergonzada pues se encontraba perdida en sus propias fantasías. Se ríe y continúa su camino.

Enciende un cigarro. Inspira, humo denso por su garganta. El humo corretea entre sus dedos, rápido, dibujando formas en el frío ambiente. Inundando el aire de humo. Guarda su paquete de Lucky en su chaqueta. Su teléfono acaba de sonar. "Buenos días pequeño" Es de su amiga Fátima. Aunque a veces duda si ella piensa en él de manera diferente, si le desea. Quien sabe, el amor no tiene dueño. Pero siempre recuerda el pasado, cuando estuvieron juntos y las cosas no funcionaron, no fueron por la dirección que tenían que ir pues ella se bajó en la estación equivocada.

Tira el cigarro al suelo y entra al instituto, su peor pesadilla.


domingo, 17 de octubre de 2010

Capítulo 5

Un suspiro y ya había pasado casi la mitad de la mañana. El examen de matemáticas había sido fácil; de todas formas Ali nunca había tenido problemas para aprobar cualquier asignatura. Se puso su chubasquero azul eléctrico, su mochila repleta de chapas y salió de la clase, con paso lento, fijándose, como acostumbraba, en cada detalle que la rodeaba. Le gustaba fijarse en los gestos de sus compañeros, en la forma de hablar, en la manera de caminar… Pensaba que cada uno tenía una personalidad, y que esta podía vislumbrarse a través de los detalles…

Una vez fuera le esperaba Blanca, su amiga aparte de los libros. Porque sí, cada chica por muy solitaria que sea siempre tiene que tener alguien que la escuche, alguien que le llene aunque sea solo con su presencia, alguien con quien compartir todo. Y en este caso compartían las historias de sus tan preciados libros, que si no…

Blanca estaba esperándola en el banco de madera que solía a ver a la entrada del colegio. Vestía unos vaqueros ajustados, cómo sólo a ella le gustaban y una camisola de colores vivos que estaba sujeta en la cintura con un lazo de color beige. Se dio cuenta de que Ali se estaba acercando y le sonrió arrugando la nariz. Este era el detalle de Blanca, lo que la definía, esa forma tan graciosa de arrugar la nariz que te hacia sonreír aunque no tuvieses ganas…

- Dime que has empezado a leer el libro que te deje…

- ¡Shhh! No he podido Ali, he estado de excursión de fin de semana con mis padres, y me muero de ganas de leerlo, pero no he podido…

- Ah…

- ¿Qué te pasa? Estás cómo… ¡cómo una tortuga!

- ¿Cómo una tortuga? ¿qué le pasa a las tortugas?

- Pues que estas seria como una tortuga, o ¿tu has visto sonreír a alguna tortuga?

Ali sonríe resignada

- No, claro que no… Pero no sé que me pasa, tengo mariposas en el estómago…

- Así que estás como una mariposa, siempre de aquí a allá, ¿nerviosa? o ¿enamorada?

- Anda, calla, de quién voy a enamorarme…

- Pues no sé, dímelo tú.

- De nadie, ya lo sabes.

- Interesante ese tal “Nadie”. Bueno dejémonos de mariposas en el estómago y vamos a llenarlo con comida de verdad, ¿te hace unos churros con chocolate? 

Ali se limita a asentir con la cabeza. Sabe que aunque no quisiese churros con chocolate Blanca la acabaría convenciendo con alguna broma de las suyas… A veces la envidiaba, pasase lo que pasase siempre tenia tiempo para sonreír para decir tonterías, para reírse a carcajadas, parecía que viviese para eso… Sin embargo, le había dado que pensar lo que había dicho. ¿Acaso estaba enamorada? No podía ser, no había conocido todavía al chico que reunía todas las cualidades de los guaperas que describían sus autores favoritos en los libros, ¿o si?

sábado, 16 de octubre de 2010

Capítulo 4


Ringg. Suena el despertador. Su corazón no ha dejado de latir esa noche, como un perro desenfrenado que busca un hueso roído escondido, guardado, como un preciado tesoro. Solo. Las sábanas se le pegan al cuerpo, sudado, ¿que terroríficas pesadillas habrá tenido?, o también se pregunta si será un día caluroso. Lágrimas, en realidad. Se levanta, rutina de siempre. Ducha fría, desayuno caliente y caminar lento hacia el “cole”.
¡Qué extrañas sensaciones le embargan hoy…! Su pie izquierdo hoy suena con más fuerza, ese chasquido de huesos que siempre acompaña su caminar. Su pelo vuela bonito al viento, morena… Su camiseta hoy hace juego con sus enormes ojos azules. Además, hoy le ha sonado el móvil tres veces desde que ha salido de casa. Hoy se siente especial. Incomprensiblemente especial.
¡Ahí está! Con la misma chica guapa de siempre. “Sinceramente, y no es por ser celosa; él no parecía interesado”- Escribiría más tarde en su diario.
Seguía esa extraña sensación en su cuerpo, como un rápido caminar de millones de hormigas en su estómago, como mariposas revoloteando… “¿Qué te ocurre Ali?”. Él no. Ese extraño hormigueo no podía ser a causa del examen de Matemáticas, estaba nerviosa pero ella era rápida y viva. “¡El examen de mates, tengo que entrar a clase!”.
Hormigas, mariposas, elefantes en manada…

viernes, 15 de octubre de 2010

Capítulo 3





Ali, pues así le gustaba que la llamaran, era diferente al resto de chicas, mientras todas se paseaban delante de los chicos que jugaban al fútbol sala, ella prefería tumbarse en la hierba devorando viejas páginas de libros de segunda mano, ya que a ciencia cierta, eran los únicos amigos que ella poseía. La pequeña Ali. Además, soñaba con hacer algo importante: algo para poder ayudar a los demás algo cómo ayudar a todos aquellos niños con barriguitas hinchadas, hambrientos de cariño pero sobre todo de hambre. Ali era humilde y soñadora. Estaba ansiosa por tener un loco amor como los de las películas, algo que jamás olvidaría.
Pero Alicia no veía el lado positivo de las cosas, su padre acababa de morir y no tenía un hombro donde apoyarse o unos labios donde disfrutar de una triste y larga pena. Quería gritarle al mundo: “¡Papá, te quise, te quiero y siempre te querré!” Pero sentía que si lo hacía los pájaros acallarían su voz componiendo una melancólica canción, la canción del último tren, la última sonrisa.
Ella era de tez morena. Llevaba el pelo siempre recogido en una bonita trenza que terminaba con un lazo de color blanco. Le encantaba que se moviera libre con el viento y que se formaran sombras en el suelo…Sus ojos reflejaban la pérdida de su padre, y paradójicamente había heredado ese color miel que le caracterizaba. Sin embargo, encontrarse con sus propios ojos frente al espejo sólo le recordaba aquella mirada que la había protegido durante tantos años, y esto hacía que ríos de lágrimas cayesen por sus mejillas, sin cauce y hasta lograr empañar el cristal del baño. Lo adoraba y todos y cada uno de los días que tiene un año jugaban juntos al escondite. Ambos eran amantes del aire libre y les encantaba recoger moras en otoño. Ella siempre cogía menos que su padre pero era tan feliz… Nunca pensó qué aquello que oía por las noticias podía pasarle a ella, jamás se hizo a la idea de que podría vivirlo tan de cerca, nunca imaginó que un accidente de tráfico le robaría toda esa felicidad, se la llevaría, de prestado, sin pedir permiso y sin pedir perdón.

Era muy guapa, pero nunca nadie se lo había dicho. Nunca nadie le había dicho que sus labios eran capaces de poner nervioso a cualquiera, o que su mirada era capaz de partir en dos las mazorcas de maíz. Nadie le había echo ver que ella era puro algodón de azúcar. Nadie hasta ese Miércoles de mediados de Septiembre, Álvaro.

Fugaz, inesperado, un amor apunto de florecer...

jueves, 14 de octubre de 2010

Capítulo 2


Álvaro. Ojos verdes, pelo castaño, alto… El típico chico que gusta a chica. Pero no, jamás se había fijado en él, jamás había cruzado una palabra con él y jamás hubiera pensado que sería su primer amor. Y es que a fin de cuentas, ¿quién dirige nuestro futuro? ¿El destino? ¿somos nosotros capaces de decidir lo que ocurrirá? Lo consideraba arrogante y prepotente pero debía admitir que era guapo y que se ponía nerviosa cuando lo sentía cerca...; Pensaba que sus amigos y él eran una panda de estúpidos que sólo pensaban en fútbol, chicas y en música pues tenían su propio grupo. ¡Ah! se me olvidaba, Álvaro era el cantante…y por lo tanto tenía un montón de fans y una chica para cada día del año, si se lo proponía.

miércoles, 13 de octubre de 2010

Capítulo 1



- 3,50 por favor...


"Eso es, tres euros cincuenta para comprarme un trozo de papel. Qué desperdicio. Y pensar que aún sabiendo el precio sigo comprando la misma revista sobre viajes todos los meses. ¿Para qué? Para nada... Si al final sé que no voy a poder ir a ninguno de esos sitios exóticos que muestran en las fotos, con los que cada día y cada segundo sueño, ni tampoco voy a poder probar esas comidas tan atrevidas de las que hablan en la sección culinaria. Una página al azar. Puesta de sol en el mar. Que típico, un atardecer, que romántico ¿no?..."
Cierto, es típico, pero a todo el mundo le gustan los atardeceres. A ella incluso se le eriza el vello al ver una imagen tan sencilla y a la vez tan hermosa... Por un instante, se imagina en ese lugar, en ese preciso momento en el que el sol se esconde bajo las olas del mar, tímido como ella. Y se imagina que el mar le besa los pies dulcemente mientras pasea por la orilla, como besos envueltos en sal marina. Siente cómo todo lo malo se va, y como su cuerpo se relaja, cómo quitándose un gran peso... Piensa que nada es lo suficientemente importante cómo para desperdiciar ese momento...
- Piiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii
Los pitidos de los coches en la calle la despiertan de su ensoñación, no hay remedio… ¡Vuelta a la realidad!