Un suspiro y ya había pasado casi la mitad de la mañana. El examen de matemáticas había sido fácil; de todas formas Ali nunca había tenido problemas para aprobar cualquier asignatura. Se puso su chubasquero azul eléctrico, su mochila repleta de chapas y salió de la clase, con paso lento, fijándose, como acostumbraba, en cada detalle que la rodeaba. Le gustaba fijarse en los gestos de sus compañeros, en la forma de hablar, en la manera de caminar… Pensaba que cada uno tenía una personalidad, y que esta podía vislumbrarse a través de los detalles…
Una vez fuera le esperaba Blanca, su amiga aparte de los libros. Porque sí, cada chica por muy solitaria que sea siempre tiene que tener alguien que la escuche, alguien que le llene aunque sea solo con su presencia, alguien con quien compartir todo. Y en este caso compartían las historias de sus tan preciados libros, que si no…
Blanca estaba esperándola en el banco de madera que solía a ver a la entrada del colegio. Vestía unos vaqueros ajustados, cómo sólo a ella le gustaban y una camisola de colores vivos que estaba sujeta en la cintura con un lazo de color beige. Se dio cuenta de que Ali se estaba acercando y le sonrió arrugando la nariz. Este era el detalle de Blanca, lo que la definía, esa forma tan graciosa de arrugar la nariz que te hacia sonreír aunque no tuvieses ganas…
- Dime que has empezado a leer el libro que te deje…
- ¡Shhh! No he podido Ali, he estado de excursión de fin de semana con mis padres, y me muero de ganas de leerlo, pero no he podido…
- Ah…
- ¿Qué te pasa? Estás cómo… ¡cómo una tortuga!
- ¿Cómo una tortuga? ¿qué le pasa a las tortugas?
- Pues que estas seria como una tortuga, o ¿tu has visto sonreír a alguna tortuga?
Ali sonríe resignada
- No, claro que no… Pero no sé que me pasa, tengo mariposas en el estómago…
- Así que estás como una mariposa, siempre de aquí a allá, ¿nerviosa? o ¿enamorada?
- Anda, calla, de quién voy a enamorarme…
- Pues no sé, dímelo tú.
- De nadie, ya lo sabes.
- Interesante ese tal “Nadie”. Bueno dejémonos de mariposas en el estómago y vamos a llenarlo con comida de verdad, ¿te hace unos churros con chocolate?
Ali se limita a asentir con la cabeza. Sabe que aunque no quisiese churros con chocolate Blanca la acabaría convenciendo con alguna broma de las suyas… A veces la envidiaba, pasase lo que pasase siempre tenia tiempo para sonreír para decir tonterías, para reírse a carcajadas, parecía que viviese para eso… Sin embargo, le había dado que pensar lo que había dicho. ¿Acaso estaba enamorada? No podía ser, no había conocido todavía al chico que reunía todas las cualidades de los guaperas que describían sus autores favoritos en los libros, ¿o si?