viernes, 22 de octubre de 2010

Capítulo 7

Fátima le hizo sufrir. Le robaba besos bañados en noches estrelladas pero luego le daba calabazas, una tras otra. Se encerró en su habitación contando los pocos días que ella le demostró amor. Ella no entendía esa palabra. Dulce de día y alocada de noche. Pero sobrepasó la mala racha, fueron grandes amigos y él conoció a otras chicas. Pero Fátima siempre le reclamaba, ¿y por qué ahora? Y se repetía una y otra vez que no, que ella no le importaba ya, que la guardó en su baul de recuerdos y tiró la llave a un mar lejano.

Pero ahora no hay tiempo de pensar en eso, integrales, derivadas y cien chorradas más sobre matemáticas. No las entendía, no le gustaban y no encontraba un sentido a toda esa película de instituto. El quería montar en monopatín y en bici pues le encantaba hacer rutas por senderos montañosos y fotografiar paisajes; por eso siempre llevaba su cámara pues se dio cuenta que cuando no lo hacía la originalidad brotaba por todos los poros de la ciudad.

"Amar es encontrar en la felicidad de otro tu propia felicidad"  Gottfried Leibniz


martes, 19 de octubre de 2010

Capítulo 6

Lo último que Álvaro vió al cerrar sus ojos esa noche fue un avión cargado de ilusiones y fantasías, de viajes de amor o reconciliación, de viajes que tratan con el perdón o que envuelven mil y una aventuras. Le encantaba mirar el cielo e imaginarse que algún día los humanos volaríamos e iríamos de planeta en planeta como de bar en bar. Simples ilusiones de un chico inocente.

Se despierta antes de que el despertador suene y haga que por toda la casa suene el último single de su maqueta, ese pequeño sueño que quiere conseguir junto a sus amigos. Pero aún queda tanto... Coge sus vaqueros, los de siempre, esos que sabe que no le gustan nada a su madre, una camiseta azul celeste y una chaqueta negra. En la mochila guarda el paquete de tabaco que ha escondido en uno de los cajones de su habitación y los libros de clase, arrugados. Por último, coge el ipod, los cascos y los esconde tras un gorro que le da un aspecto más urbano.

Mientras golpeaba distraído una botella de coca-cola, una y otra vez, se dio cuenta de que uno de los cordones de sus playeros estaba desatado. Se agachó y lo ató observando detenidamente a esa chica que  está frente al kiosko. Le pareció graciosa, embobada mirando revistas para turistas en mitad de un kiosko. Simpática pero a la vez triste, sus ojos están tristes. Y de repente, la ve avergonzada pues se encontraba perdida en sus propias fantasías. Se ríe y continúa su camino.

Enciende un cigarro. Inspira, humo denso por su garganta. El humo corretea entre sus dedos, rápido, dibujando formas en el frío ambiente. Inundando el aire de humo. Guarda su paquete de Lucky en su chaqueta. Su teléfono acaba de sonar. "Buenos días pequeño" Es de su amiga Fátima. Aunque a veces duda si ella piensa en él de manera diferente, si le desea. Quien sabe, el amor no tiene dueño. Pero siempre recuerda el pasado, cuando estuvieron juntos y las cosas no funcionaron, no fueron por la dirección que tenían que ir pues ella se bajó en la estación equivocada.

Tira el cigarro al suelo y entra al instituto, su peor pesadilla.


domingo, 17 de octubre de 2010

Capítulo 5

Un suspiro y ya había pasado casi la mitad de la mañana. El examen de matemáticas había sido fácil; de todas formas Ali nunca había tenido problemas para aprobar cualquier asignatura. Se puso su chubasquero azul eléctrico, su mochila repleta de chapas y salió de la clase, con paso lento, fijándose, como acostumbraba, en cada detalle que la rodeaba. Le gustaba fijarse en los gestos de sus compañeros, en la forma de hablar, en la manera de caminar… Pensaba que cada uno tenía una personalidad, y que esta podía vislumbrarse a través de los detalles…

Una vez fuera le esperaba Blanca, su amiga aparte de los libros. Porque sí, cada chica por muy solitaria que sea siempre tiene que tener alguien que la escuche, alguien que le llene aunque sea solo con su presencia, alguien con quien compartir todo. Y en este caso compartían las historias de sus tan preciados libros, que si no…

Blanca estaba esperándola en el banco de madera que solía a ver a la entrada del colegio. Vestía unos vaqueros ajustados, cómo sólo a ella le gustaban y una camisola de colores vivos que estaba sujeta en la cintura con un lazo de color beige. Se dio cuenta de que Ali se estaba acercando y le sonrió arrugando la nariz. Este era el detalle de Blanca, lo que la definía, esa forma tan graciosa de arrugar la nariz que te hacia sonreír aunque no tuvieses ganas…

- Dime que has empezado a leer el libro que te deje…

- ¡Shhh! No he podido Ali, he estado de excursión de fin de semana con mis padres, y me muero de ganas de leerlo, pero no he podido…

- Ah…

- ¿Qué te pasa? Estás cómo… ¡cómo una tortuga!

- ¿Cómo una tortuga? ¿qué le pasa a las tortugas?

- Pues que estas seria como una tortuga, o ¿tu has visto sonreír a alguna tortuga?

Ali sonríe resignada

- No, claro que no… Pero no sé que me pasa, tengo mariposas en el estómago…

- Así que estás como una mariposa, siempre de aquí a allá, ¿nerviosa? o ¿enamorada?

- Anda, calla, de quién voy a enamorarme…

- Pues no sé, dímelo tú.

- De nadie, ya lo sabes.

- Interesante ese tal “Nadie”. Bueno dejémonos de mariposas en el estómago y vamos a llenarlo con comida de verdad, ¿te hace unos churros con chocolate? 

Ali se limita a asentir con la cabeza. Sabe que aunque no quisiese churros con chocolate Blanca la acabaría convenciendo con alguna broma de las suyas… A veces la envidiaba, pasase lo que pasase siempre tenia tiempo para sonreír para decir tonterías, para reírse a carcajadas, parecía que viviese para eso… Sin embargo, le había dado que pensar lo que había dicho. ¿Acaso estaba enamorada? No podía ser, no había conocido todavía al chico que reunía todas las cualidades de los guaperas que describían sus autores favoritos en los libros, ¿o si?

sábado, 16 de octubre de 2010

Capítulo 4


Ringg. Suena el despertador. Su corazón no ha dejado de latir esa noche, como un perro desenfrenado que busca un hueso roído escondido, guardado, como un preciado tesoro. Solo. Las sábanas se le pegan al cuerpo, sudado, ¿que terroríficas pesadillas habrá tenido?, o también se pregunta si será un día caluroso. Lágrimas, en realidad. Se levanta, rutina de siempre. Ducha fría, desayuno caliente y caminar lento hacia el “cole”.
¡Qué extrañas sensaciones le embargan hoy…! Su pie izquierdo hoy suena con más fuerza, ese chasquido de huesos que siempre acompaña su caminar. Su pelo vuela bonito al viento, morena… Su camiseta hoy hace juego con sus enormes ojos azules. Además, hoy le ha sonado el móvil tres veces desde que ha salido de casa. Hoy se siente especial. Incomprensiblemente especial.
¡Ahí está! Con la misma chica guapa de siempre. “Sinceramente, y no es por ser celosa; él no parecía interesado”- Escribiría más tarde en su diario.
Seguía esa extraña sensación en su cuerpo, como un rápido caminar de millones de hormigas en su estómago, como mariposas revoloteando… “¿Qué te ocurre Ali?”. Él no. Ese extraño hormigueo no podía ser a causa del examen de Matemáticas, estaba nerviosa pero ella era rápida y viva. “¡El examen de mates, tengo que entrar a clase!”.
Hormigas, mariposas, elefantes en manada…

viernes, 15 de octubre de 2010

Capítulo 3





Ali, pues así le gustaba que la llamaran, era diferente al resto de chicas, mientras todas se paseaban delante de los chicos que jugaban al fútbol sala, ella prefería tumbarse en la hierba devorando viejas páginas de libros de segunda mano, ya que a ciencia cierta, eran los únicos amigos que ella poseía. La pequeña Ali. Además, soñaba con hacer algo importante: algo para poder ayudar a los demás algo cómo ayudar a todos aquellos niños con barriguitas hinchadas, hambrientos de cariño pero sobre todo de hambre. Ali era humilde y soñadora. Estaba ansiosa por tener un loco amor como los de las películas, algo que jamás olvidaría.
Pero Alicia no veía el lado positivo de las cosas, su padre acababa de morir y no tenía un hombro donde apoyarse o unos labios donde disfrutar de una triste y larga pena. Quería gritarle al mundo: “¡Papá, te quise, te quiero y siempre te querré!” Pero sentía que si lo hacía los pájaros acallarían su voz componiendo una melancólica canción, la canción del último tren, la última sonrisa.
Ella era de tez morena. Llevaba el pelo siempre recogido en una bonita trenza que terminaba con un lazo de color blanco. Le encantaba que se moviera libre con el viento y que se formaran sombras en el suelo…Sus ojos reflejaban la pérdida de su padre, y paradójicamente había heredado ese color miel que le caracterizaba. Sin embargo, encontrarse con sus propios ojos frente al espejo sólo le recordaba aquella mirada que la había protegido durante tantos años, y esto hacía que ríos de lágrimas cayesen por sus mejillas, sin cauce y hasta lograr empañar el cristal del baño. Lo adoraba y todos y cada uno de los días que tiene un año jugaban juntos al escondite. Ambos eran amantes del aire libre y les encantaba recoger moras en otoño. Ella siempre cogía menos que su padre pero era tan feliz… Nunca pensó qué aquello que oía por las noticias podía pasarle a ella, jamás se hizo a la idea de que podría vivirlo tan de cerca, nunca imaginó que un accidente de tráfico le robaría toda esa felicidad, se la llevaría, de prestado, sin pedir permiso y sin pedir perdón.

Era muy guapa, pero nunca nadie se lo había dicho. Nunca nadie le había dicho que sus labios eran capaces de poner nervioso a cualquiera, o que su mirada era capaz de partir en dos las mazorcas de maíz. Nadie le había echo ver que ella era puro algodón de azúcar. Nadie hasta ese Miércoles de mediados de Septiembre, Álvaro.

Fugaz, inesperado, un amor apunto de florecer...

jueves, 14 de octubre de 2010

Capítulo 2


Álvaro. Ojos verdes, pelo castaño, alto… El típico chico que gusta a chica. Pero no, jamás se había fijado en él, jamás había cruzado una palabra con él y jamás hubiera pensado que sería su primer amor. Y es que a fin de cuentas, ¿quién dirige nuestro futuro? ¿El destino? ¿somos nosotros capaces de decidir lo que ocurrirá? Lo consideraba arrogante y prepotente pero debía admitir que era guapo y que se ponía nerviosa cuando lo sentía cerca...; Pensaba que sus amigos y él eran una panda de estúpidos que sólo pensaban en fútbol, chicas y en música pues tenían su propio grupo. ¡Ah! se me olvidaba, Álvaro era el cantante…y por lo tanto tenía un montón de fans y una chica para cada día del año, si se lo proponía.

miércoles, 13 de octubre de 2010

Capítulo 1



- 3,50 por favor...


"Eso es, tres euros cincuenta para comprarme un trozo de papel. Qué desperdicio. Y pensar que aún sabiendo el precio sigo comprando la misma revista sobre viajes todos los meses. ¿Para qué? Para nada... Si al final sé que no voy a poder ir a ninguno de esos sitios exóticos que muestran en las fotos, con los que cada día y cada segundo sueño, ni tampoco voy a poder probar esas comidas tan atrevidas de las que hablan en la sección culinaria. Una página al azar. Puesta de sol en el mar. Que típico, un atardecer, que romántico ¿no?..."
Cierto, es típico, pero a todo el mundo le gustan los atardeceres. A ella incluso se le eriza el vello al ver una imagen tan sencilla y a la vez tan hermosa... Por un instante, se imagina en ese lugar, en ese preciso momento en el que el sol se esconde bajo las olas del mar, tímido como ella. Y se imagina que el mar le besa los pies dulcemente mientras pasea por la orilla, como besos envueltos en sal marina. Siente cómo todo lo malo se va, y como su cuerpo se relaja, cómo quitándose un gran peso... Piensa que nada es lo suficientemente importante cómo para desperdiciar ese momento...
- Piiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii
Los pitidos de los coches en la calle la despiertan de su ensoñación, no hay remedio… ¡Vuelta a la realidad!