Y a veces hay que echarle un par de pelotas a la vida, afrontar los malos momento, enfrentarse a la realidad, hacerle un favor a la conciencia y mantenerla tranquila. Aprieta fuerte los puños intentando romper los bolsillos, intentando aliviar el dolor. Tiene que hacerlo por el bien de su alma, no puede dejarla marchar, como si gritase ¡Libertad! Por fin sale del baño.
Decidido, sabe lo que tiene que decir, de verdad necesita soltar todos esos sentimientos que aparecen constantemente minuto tras minuto y cada vez que mira el reloj. Busca la habitación y ve a una chica que sale de su destino, la 216. Vuelven a sudarle las manos y tiene una rara sensación, como si una manada de elefantes fueran a abalanzarse sobre el, siente miedo. Eso no lo había preparado y es que, nada puedes esperar.
·¿Vienes a ver a Patricia?-preguntó Sara con cara de no saber muy bien si debía haber abierto la boca.
·mm...-Y le tiemblan hasta las puntas de los dedos de los pies, mente en blanco.
·Nunca te había visto, ¿eres su amigo?
Y finalmente habló, entre balbuceos.
·eee...soy el chico que...-las palabras se le trababan-...bueno yo, fue un accidente, yo no quería.
·¿Que ocurrió?-dijo Sara rápidamente, curiosa. Sin querer juzgarle. ¿Para qué?
·Iba con mi chica, e...bueno mi ex, íbamos por una calle estrecha y cuando llegamos a la rotonda, no me dio tiempo a reaccionar, la moto...chocó contra el coche. Yo.. me siento culpable, lo siento mucho-se dijo a si mismo que no llorara, conteniéndose, esa chica no podía verle llorar.
Y como se había prometido así misma no le juzgó y le vio tan triste, temblando, que lo único que pudo hacer fue darle un abrazo pues ella también necesitaba cariño en esos días tan duros, había sufrido mucho. Se despidieron y entró en la habitación. Entró sigilosamente, como si el más mínimo ruido lo fuese a estropear todo y allí estaba ella. Era preciosa, pensó; y se acercó hacia la cama.
·Hola, soy David..-dijo tímido
·Yo Patri-Y pensó no puede ser, es él...Se le corrompen los huesos.
Finalmente Patri sonrió y se puso más erguida para poder darle dos besos. Ella también pensaba que era guapo y además, le traía un regalo. David le pidió perdón y ella embobada y nerviosa, pues era el chico que le gustaba y que había espiado las tres últimas semanas y que ahora, por circunstancias de la vida, estaba allí, escuchó todo lo que éste le dijo. Descubrió que era el coche contra el que chocó. Curiosa coincidencia. Pensó que la situación era genial pero se acordó del día del accidente y las lagrimas se asomaron.
·A...bueno, fue un accidente, ¿no?, olvidémoslo-dijo Patri. Había pensado en eso mucho tiempo dándose cuenta de que en realidad nadie tenía la culpa, había sido un accidente, y punto. Los médicos dijeron que el conductor del coche no iba borracho, había dado negativo en la prueba. Ella iba muy rápido. Y además, era él.
Y hablaron de todo, de los estudios, de que el trabajaba, de la vida, las fiestas, el tiempo y la lluvia, bromearon, intercambiaron miradas intensas que provocaban escalofríos. Y entonces él le habló de su ex, no podía creerlo, estaba soltero y en su habitación. Creyó que era una oportunidad perfecta. Y también pensó que era el mejor día de su vida, ya había sufrido bastante. Le regaló un collar de cuero que inmediatamente se lo puso, se despidieron prometiéndose volver a verse, esperanzadas promesas. Y ella sonríe y se agarra fuertemente contra la almohada, está ilusionada, está contenta, no puede creerlo. Las casualidades de la vida...
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