Vistos saliendo de un viejo portal, una espía enamorada de la persona equivocada. Ha llegado apresurada, agitada; y se detiene tras un árbol observando la situación. Que miserables nos sentimos, llegamos a hacer las mayores locuras por un amor perdido, escondido entre viejos libros en un viejo baúl guardado en el piso más alto del rascacielos de los recuerdos. Y sufres, y lloras y gritas al cielo que te envíe una señal, pues ya estás cansada de vagar por esta ciudad llena de mentiras, odio y repulsión. La gente se odia, o eso dicen por ahí. Click y una foto robada. Besa el móvil y se siente como una niña pequeña que ha conseguido una piruleta pero todavía no puede desenvolver el papel pues tiene que alcanzar la cima, tiene que llegar a probar el dulce paraíso de sus besos; vuelven las pesadillas a su cabeza. Lleva un lazo rosa que hace juego con sus zapatillas converse desgastadas; se lo quita y lo lanza al suelo mojado de lágrimas pesadas, lágrimas de cristal. Guarda el teléfono en el bolsillo de su chaqueta y suspira mientras golpea ligeramente su cabeza contra el árbol, contándo los días que quedan para que ocurra algo, dando cabezazos contra el calendario...
Y escapa corriendo, ligera, triste, esperanzada. Antes de subir a su moto conecta los cascos a su móvil y pone esa triste canción que escucha cuando necesita desahogarse.Y sigue llorando, cada vez con más intensidad, con una terrible pena. Arranca, corre a toda velocidad ignorando las señales de velocidad, ignorando un paso de cebra, ignorando que en la vida debes pararte a pensar para no caerse a un vacío sin salida. Y entonces ocurrió, la triste chica de la vespa chocó contra la sucia matricula de un coche desconocido. No se imagina, no sabe, pierde el conocimiento...

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